Se desdibujaron los límites

el día que te regalé la luna,

quizás si esperase un guiño,

la razón inalcanzable

de los nombres falsos.

Un juego de niños

disfrazado de perversión

nos ahogó entre las sábanas,

atrapó las palabras que negamos.

A un segundo de desenmascararme

se ciñó el ruido absurdo de la razón,

el silencio se apoderó del gesto,

de la fantasía de olvidar el miedo.

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