Quién señaló bajo mis pies el mundo

con la sensibilidad delimitada en sílabas

y jugó a borrar de mi respiración el llanto.

Quién propuso arañar mi espalda

sin dejar cicatriz ni huella

partiendo las palabras en susurros.

Quién me contagió el miedo

a las alturas y a los marineros

al naufragio del alma que no arriesga.

Quién me mintió para no hacerme daño

y se calló en sus propias heridas

ahogando sus propios secretos.

Quién me sonrió cuando mi alma lloraba

con la agonía disfrazada de alegría

y soñó con compartir el salto.

Quién dibujó el acantilado

con el pincel de la muerte

y señaló mis grandes y profundas alas.

Quién me enseñó a imaginar

con los ojos abiertos mirando al frente

que las almas nunca serán transparentes.

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Una respuesta hacia “”

  1. Tengo la necesidad de decir algo a la persona que ha escrito esto pero no sé muy bien qué … Lo resumiré de momento en un “gracias” descaradamente sincero y lamentablemente diminuto.

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