Quién señaló bajo mis pies el mundo
con la sensibilidad delimitada en sílabas
y jugó a borrar de mi respiración el llanto.
Quién propuso arañar mi espalda
sin dejar cicatriz ni huella
partiendo las palabras en susurros.
Quién me contagió el miedo
a las alturas y a los marineros
al naufragio del alma que no arriesga.
Quién me mintió para no hacerme daño
y se calló en sus propias heridas
ahogando sus propios secretos.
Quién me sonrió cuando mi alma lloraba
con la agonía disfrazada de alegría
y soñó con compartir el salto.
Quién dibujó el acantilado
con el pincel de la muerte
y señaló mis grandes y profundas alas.
Quién me enseñó a imaginar
con los ojos abiertos mirando al frente
que las almas nunca serán transparentes.
octubre 10, 2010 a 1:16 am
Tengo la necesidad de decir algo a la persona que ha escrito esto pero no sé muy bien qué … Lo resumiré de momento en un “gracias” descaradamente sincero y lamentablemente diminuto.